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Publicado el lunes 20 de abril de 2015

Atenas se acerca a Moscú

Los teléfonos de las cancillerías europeas echaron humo hace unas semanas cuando el primer ministro griego se reunió en Moscú con el presidente ruso. Aquel encuentro entre Alexis Tsipras y el todopoderoso Vladimir Putin espoleó los recelos de la Unión Europea ante un movimiento que resquebrajaba la postura común adoptada ante Rusia tras desatarse el conflicto en Ucrania y anexionarse los rusos la península de Crimea. En aquel momento, el Kremlin ya dejó atisbar que estaba predispuesto a salir en ayuda de Atenas, un hecho que, según los datos que maneja la prensa alemana, se podría a materializar con la rúbrica de un acuerdo por el que el ejecutivo heleno recibiría un pago de hasta 5.000 millones de euros, un dinero que permitirá a Atenas contar con liquidez a corto plazo.

Esta compensación sería consecuencia de la respuesta afirmativa de Grecia a sumarse al proyecto conjunto de Rusia y Turquía para construir un gasoducto bajo el mar Negro con el que hacer llegar el gas ruso a Europa. Grecia sólo sería país de paso pero, según argumentó Putin el pasado 8 de abril ante Tsipras, “permitiría convertir a Grecia en uno de los principales centros europeos de distribución de energía”. Esta maniobra geoestratégica de Putin, al acudir al rescate de una Grecia más necesitada de ayuda que nunca, se interpreta como la materialización de un sueño ruso que no ha sido posible desde los tiempos de los zares: abrirse las puertas traseras del Mediterráneo.

Mientras tanto, siguen las tensas negociaciones entre Atenas y Bruselas en las que ha intervenido Barack Obama. El presidente norteamericano, tras reunirse en Washington con el primer ministro italiano, Mateo Renzi, aseguró que “Grecia necesita iniciar reformas, tiene que recaudar impuestos, reducir su burocracia y tener prácticas laborales más flexibles”. Unas declaraciones en línea de las que lanzan periódicamente tanto los socios europeos de Grecia como la directora del FMI, Christine Lagarde, que ha reiterado su confianza en llevar las conversaciones con Atenas a buen puerto: “lo que verdaderamente espero, y las reuniones que hemos tenido con el ministro de Finanzas griego han sido productivas en ese sentido, no es solo acelerar, sino también profundizar el trabajo”.

Por su parte, Yanis Varufakis ha afirmado que «tenemos que convencer a nuestros socios, especialmente en el norte de Europa, de que nuestro gobierno no quiere volver al despilfarro de los años recientes. Y ellos tienen que persuadirnos de que no quieren imponernos un programa”. Mientras el reloj sigue avanzando inexorable, Vladimir Putin ha aprovechado la ocasión y acude con dinero fresco en socorro de un país azotado por siete años de crisis y lastrado por las condiciones derivadas de los dos rescates que ha precisado.