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Publicado el lunes 22 de diciembre de 2014

El BCE pronostica que la inflación empezará 2015 en tasas negativas

Las previsiones que manejaba el BCE a comienzos de año estimaban un nivel de inflación cercano al 0,7%, unas proyecciones que se han visto superadas por la realidad de unos precios que, lejos de remontar, siguen cayendo mes a mes. Quizás en una maniobra preventiva, el vicepresidente del Banco Central Europeo, el portugués Vitor Constancio, ha querido anticiparse a los acontecimientos y ya ha puesto sobre aviso a los mercados acerca del comportamiento del IPC europeo para el año próximo. “Ahora esperamos una inflación negativa en los próximos meses, y eso es algo que todos los bancos centrales tienen que tener muy en cuenta”, ha declarado a la prensa alemana, aunque ha tratado de quitar hierro a esta situación al asegurar que no cree que Europa emprenda el camino que la pueda llevar a la deflación. “Necesitaríamos tasas de inflación negativas durante mucho tiempo para eso. Es sólo un fenómeno temporal, no veo ningún peligro.”

El número dos del BCE asegura, en línea con la política que marca Mario Draghi que la entidad va a “utilizar todos los instrumentos de política monetaria a nuestra disposición, básicamente la flexibilización cuantitativa”. El tantas veces anunciado programa europeo de compra de bonos vuelve a aparecer como la herramienta más potente con que cuenta el BCE para tratar de reanimar la economía europea. Aunque se ha amagado varias veces con su puesta en marcha, los mercados dan por descontado que 2015 será el año en que Europa contara con su propio mecanismo de adquisición de activos, aunque fuentes próximas a la institución señalan que el Banco Central Europeo está estudiando todas las opciones posibles para que los países de la periferia europea asuman los riesgos que supondría la adquisición de su propia deuda pública. Esta maniobra serviría para contentar a Alemania, que no ve con buenos ojos una compra generalizada de deuda de todos los socios europeos sin que se tenga en cuenta el grado de cumplimiento de la política de disciplina fiscal impulsada desde la Unión Europea.