jun
17
0 Actualidad
Publicado el miércoles 17 de junio de 2015

De capa caída

La economía brasileña se ha dado la vuelta completamente: ha pasado de crecer sostenidamente durante 15 años, con un pico del 7,6% en 2010, a ver como se volatiliza su fortaleza y cae en una recesión que puede llevar a su Producto Interior Bruto a retroceder cerca del 1,35% al final de este año, tras crecer un paupérrimo 0,1% en 2014. El escenario que ha propiciado este batacazo económico hunde sus raíces en los sucesivos escándalos políticos y financieros que han sacudido a la nación. El caso de corrupción que salpica a Petrobras, la principal inversora en su propio país y una de las mayores empresas petroleras del mundo, y la caída sostenida de los precios del crudo, está pasando factura a la cuenta de resultados de la petrolera y, de rebote, a la marcha económica de Brasil.

Para tratar de atajar la hemorragia por la que se desangra su economía, la presidenta brasileña ha sacado la chequera y ha presentado un ambicioso proyecto de construcción y renovación de infraestructuras con el que tratar de reanimar la alicaída actividad económica. La presidenta Rousseff ha dado a conocer las líneas maestras de este plan de inversión en infraestructura que contempla actuaciones para mejorar la red ferroviaria, los aeropuertos y las carreteras brasileñas por un importe cercano a los 66.000  millones de dólares. En los próximos años el gobierno brasileño realizará licitaciones, a las que podrán concurrir empresas nacionales o extranjeras afincadas en Brasil, de forma escalonada desde ahora hasta 2019.

 La gran pregunta que se hacen los expertos es de dónde va a sacar Dilma Rousseff la ingente cantidad de dinero que se precisa para poner en marcha su ambicioso plan. La respuesta puede venir del otro lado del mundo, desde China. Los gobernantes chinos están inmersos en un proceso para diversificar su economía y que su país deje de ser la gran factoría del mundo para convertirse en un poderoso actor internacional. Uno de sus muchos objetivos puede ser Brasil, donde ya se han comprometido a impulsar un proyecto de construcción de una línea férrea que parta del norte de Brasil, atraviese la cuenca del Amazonas y los Andes para desembocar en un puerto peruano.

 La presencia china en América Latina se puede ver muy incrementada si se hace realidad el deseo expresado por Pekín de montar fábricas en territorio brasileño para producir localmente los equipos que se utilizarán en los proyectos de infraestructura que van a desarrollarse con capital chino en la que es la mayor economía latinoamericana, que ahora se enfrenta al difícil reto de salir de una espiral desastrosa de contracción económica con una inflación desbocada hasta niveles cercanos al 8,5%.