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Publicado el martes 31 de enero de 2017

Definir el propio perfil, la prudencia y la información, consejos básicos para nuevos inversores

Si hemos decidido intentar sacar rentabilidad de nuestro dinero, es decir, convertirnos en inversores, conviene tener claras algunas ideas básicas para evitar sorpresas desagradables, derivadas de una mala elección o del desconocimiento de las características de determinados productos. En un post reciente comentábamos la diferencia entre gasto e inversión, y destacábamos que por este último concepto entendíamos destinar una cantidad de dinero con el objetivo de obtener un rendimiento o retorno por él.

Enumeramos a continuación algunas recomendaciones para nuevos inversores, que comenzarían con una premisa básica: es muy recomendable que solo se lleve a cabo una inversión si tenemos unas finanzas sanas y disponibilidad monetaria para ello. Por regla general, se realiza con un horizonte temporal, en el cual lo ideal sería no tener que recurrir a la cantidad invertida por necesidades de liquidez.

La definición del perfil inversor – conservador si se prefiere más seguridad a costa de una menor rentabilidad, o arriesgado, en el caso contrario-  es otro de los puntos de partida. También lo es el planteamiento de objetivos: no es lo mismo invertir para poder tener un retiro laboral más desahogado que hacerlo para intentar conseguir unos ingresos adicionales en el corto plazo. En ambos casos caben los diferentes perfiles, y tampoco son totalmente excluyentes las opciones temporales.

Esto último nos lleva a otra recomendación: la diversificación, para no tener todo el posible riesgo concentrado en una inversión concreta.

Por último, y no menos importante, hay que entender y conocer todos los detalles del producto financiero o inversión que queramos realizar. Para ello, no hay que dudar en recurrir al asesoramiento de personas cualificadas, que nos podrán orientar sobre el producto, rentabilidad, costes asociados y otras características.

Como resumen, una inversión requiere información, conocimiento y análisis. Para empezar, mejor los productos más sencillos (como depósitos, fondos o seguros de ahorro) y, poco a poco, ir desarrollando la actividad inversora en función de nuestras experiencias.