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Publicado el martes 10 de marzo de 2015

El día después del ‘día D’ (de Draghi)

De tener que ofrecer altas rentabilidades a casi llegar a cobrar a quienes adquieran bonos españoles. Es el profundo giro que ha experimentado la recepción de la deuda española en los mercados internacionales en los últimos meses, sobre todo tras la tantas veces anunciada llega del Quantitative Easing  continental, que dio comienzo de manera efectiva este lunes. Las primeras adquisiciones de deuda europea en el mercado secundario por parte del BCE han tenido un efecto no demasiado pronunciado en el comportamiento de los inversores, que habían descontado el arranque del QE en el mes y medio que ha mediado entre el anuncio oficial de su puesta en marcha y las primeras compras efectivas por parte de la entidad que preside Mario Draghi.

No obstante, el nuevo escenario financiero que plantea la iniciativa del BCE ha permitido que la rentabilidad de los bonos españoles a los plazos más cercanos en el tiempo, dos y tres años, y los que tienen vencimientos más largos, 15 y 30 años, cerrasen la jornada del lunes en nuevos mínimos. Es tal la confianza que tiene el Tesoro en la eficacia del QE europeo que se ha quedado a las puertas de conseguir la primera emisión de deuda española en la historia en la que se pacten intereses negativos: es decir, cobrar a los compradores en lugar de ofrecer rentabilidad para sus inversiones.

De momento, aunque las letras a tres meses se han cotizado a un irrisorio 0,001% en la última subasta, en las siguientes operaciones, de letras a 6 y 12 meses, es posible que se logre bajar del 0,088% pagado por los títulos a medio año el pasado mes de febrero. Si en la colocación de este martes se logra una nueva caída significativa de la remuneración, se abriría la puerta a las primeras tasas negativas de interés en la historia de la deuda española.

Por ahora, uno de los efectos del  programa de compra de deuda del BCE ha sido la nueva bajada del euro frente a la moneda estadounidense, que ha abierto este martes en el entorno de los 1,08 dólares, su nivel más bajo desde 2003. Si la trayectoria del euro sigue por el mismo camino, en lo que va de año ya ha perdido el 20% de su valor frente a la divisa norteamericana, la paridad entre ambas monedas puede estar al alcance de la mano. De hecho, consultoras como JP Morgan vislumbran ese momento en el final de este mismo año, cuando esperan que el euro llegue a valer 1,01 dólares.

A Europa le interesa en este momento tener una moneda menos fuerte que beneficie las exportaciones europeas a países de otras áreas ya que, al costar cada euro menos dólares, se logra de forma indirecta abaratar nuestros productos y hacerlos más atractivos. Un efecto pernicioso de un dólar fuerte, la factura de las importaciones petrolíferas, está bajo control gracias al desplome de los precios del crudo en los últimos meses: el barril de Brent ronda los 58 dólares, lo que aleja esta amenaza al menos en los meses más inmediatos.