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Publicado el martes 5 de diciembre de 2017

El Internet de las cosas se echa al monte

Aunque el sector agrario no parezca a priori el primero en el que pensaríamos como ejemplo de disrupción digital, lo cierto es que cada vez es más habitual que los empresarios agrícolas se dediquen a analizar datos, incorporen sensores para aumentar el rendimiento por hectárea, optimicen procesos, anticipen fallos en su maquinaria o mejoren la calidad del producto final. Son solo algunas de las ventajas que ofrece a la agricultura el Internet de las Cosas que es una de las patas en las que sostiene la denominada Agricultura Inteligente.

Para Alberto Clerigué, director de inversiones de la Sociedad de Desarrollo de Navarra, “la agricultura inteligente es un paso más para el desarrollo e innovación del sector agroalimentario. Todos estos sensores transmiten información en tiempo real a un sistema en la nube que ayudará a los agricultores a conocer datos útiles para realizar predicciones y mediciones para ahorrar tiempo y conseguir mayor rentabilidad”.

El futuro ya está aquí

Entre las novedades que los agricultores y ganaderos tienen a su disposición destacan los tractores inteligentes, en los que se sustituye la cabina del conductor por un completo sistema autónomo basado en cámaras, radares, GPS y sensores que detectan obstáculos y hacen que el vehículo cambie de dirección para evitar impactos. El agricultor lo programa con una aplicación y puede hacerlo trabajar de manera simultánea con otros tractores.

Otras herramientas que pueden ser útiles en el campo son los drones, que muchos agricultores ya utilizan a para conocer con precisión en tiempo real el estado de los cultivos y, así, realizar una fumigación de precisión. Incluso, en Polonia han comenzado a trabajar con los denominados drones abeja para favorecer la polinización mundial debido a la reducción de la población de estos insectos.

La monitorización en línea a través de sensores permite a los agricultores conocer desde su smartphone la temperatura, humedad y tamaño de cada cultivo, mientras que a ganadería conectada supone en el uso de sensores que miden el movimiento del ganado, controlan su nutrición e, incluso, su capacidad reproductiva. Finalmente, los controles de plagas inteligentes a avisan a los agricultores sobre cuáles son las condiciones más adecuadas para la proliferación de plagas y las acciones necesarias para combatirlas.