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Publicado el martes 16 de junio de 2015

Al borde de la ruptura

El calendario se acerca peligrosamente a la fecha del 30 de junio, cuando hay que encontrar una solución definitiva a los problemas que Grecia tiene para abonar los pagos de su deuda externa o enfrentar la situación inédita de que un país occidental, miembro de la Unión Europea e integrante de la zona euro, no haga frente a sus obligaciones. En un tono de inusitada dureza contra un país miembro, la Comisión Europea ha hecho públicos numerosos detalles acerca de las profundas diferencias que todavía separan a ambas partes. Desde Bruselas se ha explicado que Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión y que ha ejercido en estos meses el papel de mediador, está decepcionado porque no hay avances pese a su esfuerzo.

Para tratar de aclarar cuáles son las posturas de cada parte, la Comisión ha salido al paso de lo que desde la capital comunitaria se califica de desinformación, una forma velada de referirse al uso de filtraciones por parte de la delegación griega. Según Bruselas, los cinco puntos clave sobre los que se está negociando son el ajuste fiscal, terreno en el que se pide a Grecia un superávit del 2% en 2016 y del 3,5 en 2018, un punto menos que lo exigido hasta ahora. También demandan a Atenas medidas fiscales y la instauración de una agencia tributaria independiente que gestione los tributos y solicitan del gobierno griego la estabilización del sistema financiero, implantar reformas en el mercado laboral y en lo que afecta a la apertura de negocios, y profundizar en la modernización del sector público heleno.

La contraoferta griega incluía un aumento de los ingresos fiscales por valor de 9.500 millones de euros entre este y el próximo año, con medidas concretas como instaurar tres tipos de IVA, del 6%, 13% y el 23%, en lugar de los actuales del 11% y 23%, un plan de ahorro mediante recortes en el presupuesto de defensa, una tasa extraordinaria del 12% a las empresas con beneficios de más de un millón de euros anuales, incremento del impuesto de sociedades, que pasaría del 26% actual al 29%, alza del  impuesto de solidaridad y nuevos tributos sobre la publicidad en la televisión y los juegos de azar.

La acogida de este contraoferta griega no pudo ser más gélida, aunque Alexis Tsipras ha recibido un balón de oxígeno de dónde menos cabría esperar, Alemania. La prensa germana acusa al FMI de torpedear un acuerdo entre Grecia y las instituciones, por el que Atenas podría aplazar los recortes en las pensiones a cambio de reducir en 400 millones de euros su gasto militar. Mientras tanto el reloj corre: el día 18 se celebra una reunión de los ministros de Economía y Finanzas de la eurozona en Luxemburgo, que solo podrán dar su visto bueno a un acuerdo si las partes avanzan en las negociaciones técnicas durante los próximos días.