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Publicado el viernes 10 de abril de 2015

Grecia, entre la espada y la pared

Ayer jueves,Grecia abonó 459 millones de euros al FMI. Unos fondos correspondientes a la cuota de los créditos que tiene contraídos y que debína abonarse, como muy tarde, el 9 de abril para evitar la quiebra. En estos días, el gobierno de Tsipras está tensando la cuerda al máximo con la intención de llegar a un entendimiento acerca del programa de reformas que exige la troika para liberar los tramos de ayuda financiera urgente que necesita el país. Tan urgente como que el propio gabinete griego ya ha avisado de que se le acabará el dinero el 24 de abril. La fecha no ha sido elegida al azar, más bien al contrario. Es el momento en que el Eurogrupo tiene prevista una reunión en Riga en la que analizarán los avances producidos en la negociación con Grecia para liberar los 7.200 millones de euros que están pendientes del segundo rescate griego.

A un lado de la mesa se sientan los acreedores de Grecia, que insisten en que los planes que presente el gobierno de Tsipras tienen que estar dentro de lo acordado el pasado 20 de febrero, y del otro el ejecutivo de Atenas, que por boca de su ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, ya ha anunciado que no están dispuestos a firmar cualquier cosa para conseguir la asistencia económica que sigue precisando su país. El responsable de la política económica de Atenas ha reconocido que Grecia necesita reformas profundas, aunque considera que no es una tarea sencilla. “Cuando un país se ve atrapado en una gran depresión, es difícil reformar a menos que los ciudadanos vean que hay un plan que deja ver la luz al final del túnel”.

El ala más dura de la eurozona ha planteado una especie de ultimátum: da seis días al gobierno de Syriza para que presente un nuevo plan de reformas con medidas más contundentes en aspectos como el mercado laboral, las pensiones o las privatizaciones, y, además, han mostrado su disconformidad con la persona que Alexis Tsipras quiere poner al frente del futuro fondo de rescate bancario heleno. La semana pasada Atenas envió a sus socios un plan de acción que se centra básicamente en la lucha contra el fraude fiscal, un documento que recoge estimaciones de ingresos tildadas de excesivamente optimistas por la troika. Con esta fuerte tensión de fondo, Alexis Tsipras se ha reunido en Moscú con el presidente ruso, Vladimir Putin, en lo que círculos comunitarios califican como una maniobra destinada a reforzar las posiciones griegas en la ronda negociadora con sus acreedores.