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Publicado el martes 8 de noviembre de 2016

La hora de la verdad

No son unas elecciones cualquiera. Estados Unidos es el país más poderoso del mundo, sus decisiones estratégicas afectan al equilibrio global y su economía, aunque China le pise los talones, sigue siendo la más fuerte y representa una cuarta parte de todo el movimiento económico mundial. Por eso no es de extrañar que los ojos de casi todos estén puestos en el incierto resultado de unos comicios que muchos observadores ven como los más trascendentales de las últimas décadas.

Clinton vs Trump

Los dos rivales electorales son los contendientes más divergentes que han pugnado por llegar al despacho oval en las últimas décadas. Mientras Hilary Clinton lo ha sido todo en el sistema político estadounidense, (primera dama de Arkansas, primera dama de Estados Unidos, senadora, secretaria de Estado…) Donald Trump presume de ser un empresario hecho a sí mismo que pretende trasladar a la administración norteamericana su particular manera de entender los negocios.

Pero más allá de las diferentes personalidades de ambos y de su absoluta lejanía a la hora de concebir cuál debe ser el papel de un representante político tan poderoso como el presidente de los Estados Unidos, sus programas económicos ocultan profundas diferencias de concepto que, en caso de que venza uno u otra, van a causar impactos distintos en el resto del mundo.

Dos visiones económicas antagónicas

Mientras Clinton aboga por unas políticas más Keynesianas, Trump apuesta por recetas económicas más clásicas, aunque nadie parece saber muy bien qué haría el magnate empresarial en caso de llegar a la Casa Blanca. En concreto, el programa de Hillary Clinton plantea una subida de impuestos y el ejercicio de un mayor control sobre las grandes corporaciones e instituciones financieras. Los demócratas, si las urnas les otorgan la confianza, preparan un gran programa de inversiones en infraestructuras, industria, investigación, tecnología, energía limpia y en pequeñas y medianas empresas mientras que, a nivel internacional, el TTIP quedaría en suspenso debido a la falta de apoyo de Clinton al mismo.

Donald Trump apuesta decididamente por el crecimiento económico y con el fin de impulsarlo quiere recortar la intervención estatal en la economía a base de reducir los impuestos y tratará de generar empleos incrementando el PIB estadounidense. Las medidas que más ampollas levantan son las que pretenden implantar una política más proteccionista para fomentar la industria nacional norteamericana, una idea con la que el candidato republicano quiere generar 25 millones de empleos en 10 años. En este sentido, Trump revisará todos los acuerdos comerciales para que se incremente el PIB estadounidense y se reduzca el déficit comercial, por lo que también renuncia al TTIP y asegura que no se llevará a cabo.

En todo caso la última palabra la tienen los más de 200 millones de electores norteamericanos que están llamados hoy martes a las urnas.