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Publicado el jueves 19 de octubre de 2017

Los precios se desbocan en China

En pleno proceso de transformación de su modelo productivo, las cifras que arroja la economía de China no dejan de sorprender. Ahora se ha conocido el nivel de inflación del mes de septiembre, que se ha saldado con un importante incremento. “Los precios al productor de China subieron un 6,9 por ciento en septiembre respecto al año anterior, superando las expectativas del mercado”, ha informado la Oficina Nacional de Estadísticas del ejecutivo de Pekín.

En los círculos económicos mundiales se ha recibido esta noticia con cierta sorpresa ya que la mayor parte de los analistas habían previsto un alza del índice de precios al productor de un 6,3 por ciento en septiembre, el mismo ritmo que en el mes anterior. Tras esta cabalgada de los precios se esconde el importantísimo auge de la construcción, que se ha visto muy acelerado en el último año y que ha impulsado los precios de todo tipo de materiales, desde tuberías de acero a cables de cobre, “lo que le ha reportado a los sectores industriales de China el mayor beneficio en los últimos años”.

Impacto en el IPC

Sin embargo, el fuerte incremento del precio de los suministros ha provocado una significativa reducción de los márgenes para las empresas que se encuentran al final de las cadenas de suministro, que tienen que pagar más caros los materiales que necesitan pero que no pueden repercutir ese incremento de sus costes en los precios que cobran por sus productos. Esa combinación de elementos ha provocado un leve descenso en el IPC general chino, que ha cerrado el mes de septiembre con un incremento del  1,6 por ciento interanual, en línea con las previsiones, pero un poco más bajo que el alza del 1,8 por ciento que se registró en agosto.

La nueva revolución

Ya hace tiempo que el gobierno chino apuesta fortalecer la clase media del país e incentivar el consumo interno. El precio, que Pekín  parece dispuesto a pagar, es atenuar sus alzas de PIB y cambiar el escenario económico actual para basarlo gradualmente en la demanda interna, lo que permitirá a China contar con un crecimiento estable a largo plazo. Sin embargo hay otro riesgo inherente; hasta ahora la sociedad china se dividía en unas élites que ostentan el poder político y económico y una gran masa de población muy alejada de lo que en Occidente conocemos como clase media. Si las decisiones gubernamentales elevan el nivel de vida de sus ciudadanos, como vía para incrementar el consumo, puede producirse una elevación del descontento ante una dictadura que lleva en el poder desde 1949 y que sofoca con mano de hierro cualquier intento de disidencia por leve que sea.