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Publicado el martes 2 de octubre de 2018

Un nuevo futuro para Grecia

Los números ponen negro sobre blanco que Grecia parece despertar del mal sueño de los sucesivos programas de rescate a los que, por tres veces, ha tenido que recurrir para seguir a flote. Las cifras indican que en 2017 el crecimiento alcanzó un 1,4%, “sobre todo impulsado por la inversión y el dinamismo de la demanda externa” apuntan los analistas de la agencia internacional COFACE.

A su juicio, el crecimiento griego debería aproximarse al 2% en 2018, “a pesar de la ligera desaceleración de la zona euro. Los hogares y las empresas griegos anticipan esta evolución económica, tal y como lo confirma el Índice PMI “que ha llegado a los 54 puntos de media en el primer semestre de 2018, tras cruzar el umbral de 50 puntos, sinónimo de expansión económica, en 2017, y también el indicador de confianza elaborado por la Dirección General de Asuntos Económicos y Financieros de la Comisión Europea”.

Huellas imborrables

Sin embargo, diez años de crisis y sucesivos rescates han dejado una marca casi indeleble en la economía y la sociedad griega: “el retorno al crecimiento está lejos de borrar todos los estigmas de la crisis”, dicen los informes de COFACE, que también apuntan que “la esperada recuperación se ha alcanzado a costa de un ajuste presupuestario profundo y de una devaluación interna severa, más marcada que en España y Portugal. De 2008 a 2015, Grecia ha perdido un 25% de su PIB, la inversión se ha contraído un 60% y la tasa de desempleo alcanza el 28%”.

Sin embargo, el nuevo marco económico griego ha propiciado que, tal como reflejan los análisis de COFACE, “al ser más competitivas, las empresas griegas se orientan cada vez más hacia la exportación”. Paralelamente, “la consolidación presupuestaria y la devaluación interna han permitido, en cierta medida, reducir el doble déficit que causó la crisis. Las cuentas públicas registran excedentes primarios desde 2016 y la balanza por cuenta corriente se encuentra equilibrada desde 2015”. Finalmente y tras diez años de sufrimiento, Grecia ha logrado que se restaure la credibilidad presupuestaria y financiera y las incertidumbres se han reducido considerablemente, permitiendo el retorno del país  a los mercados de deuda internacionales.