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Publicado el miércoles 8 de febrero de 2017

Conocer el reparto del consumo de electricidad en una vivienda, clave para una estrategia de ahorro

En las últimas semanas ha estado entre los principales temas de actualidad el precio de la electricidad. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha hecho público recientemente el dato del incremento del precio registrado en enero, para un consumidor medio acogido al PVPC (Precio Voluntario al Pequeño Consumidor), que ha sido del 9 por ciento con respecto al mes anterior y un 27% más caro que el mismo mes del año 2016.

El Índice de Precios al Consumo (IPC) del pasado mes, que llegó al 3%, también ha visto las cotas más altas de los últimos años, y en la causa del incremento también ha estado el precio de la energía, principalmente electricidad y combustibles.

Estos indicadores económicos, que rápidamente vemos reflejados en nuestros gastos, nos llevan a rescatar la preocupación por el ahorro en el consumo de energía. Para determinar una estrategia de ahorro para nuestra vivienda particular, conviene conocer nuestros hábitos de uso y cómo se reparte el consumo entre los diferentes aparatos eléctricos. Lógicamente, el reparto puede verse alterado muy significativamente si la climatización de la vivienda o la producción de agua caliente se realiza con aparatos eléctricos, generalmente de potencias elevadas y, en consecuencia, consumos también altos.

En primer lugar, para ajustar la factura eléctrica, habría que revisar si la potencia contratada se ajusta a nuestras necesidades reales. Es posible que estemos pagando un ‘plus’ por este concepto que nos podríamos ahorrar. El ejercicio para comprobar este aspecto sería hacer el cálculo de la potencia total de los aparatos instalados y aplicar un coeficiente de simultaneidad de uso. Si sumamos los que podríamos llegar a utilizar a la vez, tendríamos de forma aproximada la necesidad de potencia que debemos contratar, medida en kilovatios (kW).

Otros elementos de la factura, como impuestos, alquileres de contadores, etc, no dependen de nosotros, por lo que vamos a centrarnos en lo que es propiamente el consumo, que se mide en kilovatios/hora (kW/h) como resultado de la relación entre la energía consumida por una potencia de 1 kW en una unidad de tiempo (1 hora).

El alumbrado es una parte importante del consumo (alrededor del 12 por ciento, según estudio del IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía), aunque, cuantitativamente, no es la principal. El gasto dependerá del número de luminarias de las que hagamos uso y de su potencia. Las incandescentes o halógenas normalmente tienen un consumo bastante superior a las más modernas lámparas de bajo consumo, fluorescentes o tipo LED. Para hacernos una idea, una lámpara incandescente de 75 W proporciona una iluminación similar a una de bajo consumo de 14-18 W. Es decir, en una hora de funcionamiento, por el mismo precio podríamos tener cuatro bombillas de bajo consumo en lugar de una incandescente. Por tanto, una completa revisión de la iluminación de la casa para realizar una paulatina sustitución de las lámparas de mayor consumo nos puede conducir a un primer ahorro.

Pasamos a los electrodomésticos, cuyo consumo puede suponer la mitad del total de la vivienda. El mismo estudio del IDAE determinaba una clasificación estadística de consumo en la que el frigorífico era el elemento de mayor gasto (30,6%). Otros consumos son los siguientes: Congeladores (6,1%); lavadora (11,8%); lavavajillas (6,1%); secadoras  (3,3%); horno (8,3%); TV (12,2%); ordenadores (7,4%); stand-by (10,7%) y otros (3,5%).

A la vista de los porcentajes, salta a la vista que el frigorífico es un electrodoméstico que está permanentemente ‘enchufado’, por lo que el ahorro lo tenemos que conseguir racionalizando su uso y evitando, en la medida de lo posible, las diferencias de temperatura que lo hagan entrar en su máximo rendimiento.

Para lavadoras y lavavajillas, la recomendación es utilizar los programas adecuados a cada tipo de lavado, y también la optimización de cada lavado, con el electrodoméstico a carga completa.

Al igual que con la iluminación, hay electrodomésticos mucho más eficientes que otros. La utilización de los calificados como A+++ sería lo ideal para un máximo ahorro, por lo que podemos plantearnos, cuando toque sustituir alguno de los actuales, la opción de uno de la clase más eficiente.

Por último, no hay que olvidarse de los ‘pilotitos’ rojos de la situación de stand-by. Su consumo inmediato es reducido, pero sumados todos, a final de año, suponen una buena cantidad.