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Publicado el miércoles 4 de junio de 2014

Las tarjetas, un invento que permite “olvidarse” el dinero en casa

Hace unos días explicábamos en este blog cuándo se introdujo la banda magnética en las tarjetas de crédito. Hoy nos vamos más atrás para contar el origen de las tarjetas que hoy conocemos y que, como todo invento de gran utilidad, respondió a una necesidad “urgente”.

Y esa urgencia vino determinada a la hora de pagar en un restaurante, cuando el anfitrión de una cena de negocios, Frank X. McNamara, se encontró al finalizar con que se había olvidado el dinero en casa. Deseoso de no volver a sufrir esa embarazosa situación, promovió con sus compañeros de mesa la que sería la primera tarjeta que permitía el pago en varios establecimientos diferentes. Así nació a mediados del siglo XX, la Diners’ Club, pensada inicialmente para el pago en restaurantes.

Antes de esta tarjeta, habían existido otros precedentes de financiación de compras con tarjeta, pero con la particularidad de que eran medios de pago para un establecimiento concreto. En 1914, la Western Unión puso en marcha un proyecto de tarjeta para sus principales clientes. Otras empresas y establecimientos siguieron su ejemplo, pero siempre con la restricción de uso en pagos a la propia empresa.

Tras unos comienzos un tanto difíciles, se produjo un hito a finales de la década de los 50 del siglo pasado con el lanzamiento de tarjetas que, con el tiempo, han alcanzado gran notoriedad en todo el mundo por su uso masivo. Es el caso de American Express, Americard (origen de lo que hoy es VISA) o Mastercard.  El desarrollo y expansión de estas tarjetas tuvo como respaldo a grupos de bancos, primero de Norteamérica y posteriormente, de todo el mundo.

En cuanto a los materiales, del papel se pasó al plástico. Además de la banda magnética, otras novedades introducidas han sido el chip y ya, más recientemente, los sistemas que incorporan sensores de proximidad.