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Publicado el Jueves 9 de Marzo de 2017

Tipos de financiación: distinción según plazo, finalidad o garantías

La financiación, como hemos tratado en algunos otros post anteriores, tiene modalidades diferentes que varían en función del destino del dinero solicitado, plazos de amortización o garantías. Es conveniente conocer las características de cada uno y los diferentes matices. Puede darse la situación de tener que elegir entre una modalidad u otra, y con mayor información podremos tomar una decisión más acertada.

Recordamos que una operación de financiación es la que una entidad o persona (generalmente una entidad de crédito) cede una cantidad de dinero a otra persona física o jurídica por un plazo de tiempo determinado, con el compromiso, pactado en contrato, de devolver el capital prestado más los intereses que se generen en ese periodo de tiempo.

Comenzando por este criterio, el temporal, podemos hablar de financiación a corto, a medio y a largo plazo. Un ejemplo de financiación a corto plazo o medio plazo es la que se produce con las tarjetas de crédito. Según la modalidad de pago, podemos encontrarnos un crédito mensual (y normalmente limitado) del que se abona la cantidad dispuesta, sin intereses, al finalizar ese plazo de treinta días. También existe la opción de un mayor aplazamiento del crédito dispuesto con la tarjeta, bien con el pago de un porcentaje mensual o con cuotas periódicas. En este caso sí aparecen los intereses incluidos en estas cuotas.

A partir de ocho años de duración podemos ya hablar de financiación a largo plazo, que puede llegar incluso a 30 ó 40 años en los préstamos hipotecarios.

Otro criterio de diferenciación, que ya hemos tratado en este blog, es la que se establece entre crédito y préstamo. Como resumen, podemos decir que en el primer caso hablamos de una cantidad de la que se puede disponer, y que se devuelve junto a los intereses que genera únicamente la cantidad utilizada. En el caso del préstamo, es una cantidad que se entrega al deudor de una vez, pactada con unos intereses que se pagan junto con el capital, en los plazos previstos, independientemente de que se disponga completamente o no de ella.

En función de la finalidad, podemos diferenciar entre crédito comercial o crédito al consumo. El primero de estos tipos, también llamado de producción, es el que se concede para ayudar al desarrollo o mantenimiento de actividades económicas. El segundo caso tiene como finalidad la adquisición de bienes o servicios, normalmente por personas físicas.

Con la denominación de préstamo personal se engloban las operaciones en las que no se especifica el gasto que se pretende realizar (reformas en el hogar, viajes, artículos de consumo, etc.), y dentro de ellos hay otros que sí tienen un fin específico y que, generalmente, suelen tener mejores condiciones. Es el caso de préstamos para coches o estudios, por ejemplo. Una variante del préstamo personal es el que puede estar vinculado a la nómina. Si se tiene una domiciliación de la nómina, pueden existir créditos que permiten anticipar cantidades o préstamos con condiciones también más favorables que un préstamo personal convencional.

Por último, nos referimos a la distinción de créditos en función de las garantías. Cabe citar en este punto el aval, que es una garantía personal del pago de una deuda para el caso de que el deudor al que se avala no sea capaz de afrontar las obligaciones contraídas. El crédito real es cuando el acreedor puede ver satisfecha la deuda, o una parte de ella, con el bien que sirve de garantía o con el dinero obtenido por su venta. Sería el caso de los préstamos hipotecarios, que es una de las modalidades más populares de financiación.