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Publicado el miércoles 26 de agosto de 2015

¿Qué está pasando en China?

Las fluctuaciones de las Bolsas del gigante asiático están llenando de incertidumbre los mercados financieros internacionales. El gobierno chino se afana en intentar frenar la sangría de su mercado de valores, aunque la gran cuestión que recorre el mundo es saber hasta qué punto está tocada su economía y cómo va afectarnos.

Desde hace más de tres décadas las cifras de crecimiento chino han asombrado al mundo. Un ritmo de avance de su PIB que se ha mantenido durante muchos años en cifras por encima del 10% y que, aunque había relajado ese ritmo en los últimos tiempos, han propiciado que China pasase de ser una economía eminentemente agrícola a convertirse en la gran factoría de mundo. Sin embargo, todos los indicadores señalan que el modelo productivo chino, basado en la explotación al máximo tanto de sus recursos naturales como de aquellos que han podido adquirir, una mano de obra barata y muy pocos controles de cualquier tipo, desde las condiciones laborales al respeto por el medioambiente, da señales de agotamiento.

En los últimos meses el ejecutivo de Pekín ha tratado de insuflar oxígeno a su sistema económico con la adopción de diversas medidas encaminadas a variar los componentes de su economía. El objetivo era tratar de animar el consumo interno para no depender tanto del sector exterior, dada la etapa de dificultades que han atravesado sus principales socios comerciales y que había ralentizado sobremanera el ritmo de producción de las fábricas chinas. Sin embargo, ante las sacudidas que han sufrido los mercados de valores, Pekín sorprendió al mundo devaluando tres veces seguidas su moneda en un intento de abaratar todavía más los productos que elaboran sus empresas, de manera que el sector exterior siga siendo la principal locomotora de la economía china. Una decisión de política monetaria que ha desestabilizado los mercados de renta variable del mundo entero, que reciben con preocupación las noticias que llegan de China.

El último movimiento chino ha sido rebajar los tipos de interés de los préstamos un cuarto de punto, hasta dejarlos en el 4,6%, y ha aplicado la misma rebaja a los depósitos, que se remunerarán al 1,75%. Éstas y otras medidas relacionadas con el sistema financiero chino, que entrarán en vigor el 6 de septiembre, intentan liberar liquidez y reforzar la economía del país que, según afirman fuentes oficiales chinas, sufre fuertes presiones a la baja. El trasfondo de todo el asunto es saber si nos encontramos ante una situación puntual o bien si China se enfrenta por primera vez en décadas a un ciclo parcialmente recesivo.

Muchos expertos son de la opinión de que es del todo imposible mantener ritmos de crecimiento de un 7 u 8% durante años y años, por lo que China estaría en la antesala de un nuevo tiempo en el que su economía se ralentizará hasta avanzar al 2 ó 3% anual. El gran reto es saber si el país puede resistir la presión de un menor crecimiento económico, con las consiguientes consecuencias para el empleo, y en qué medida va a afectar a empresas de todo el mundo, ya que el país, dada su enorme población, es el primer consumidor del mundo de artículos de lujo, móviles o coches, entre otros productos.