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Publicado el jueves 22 de noviembre de 2018

En qué se diferencia una ciudad inteligente de otra que no lo es

La pregunta del millón es: ¿qué es una ciudad inteligente? Y, una vez aclarado el concepto, ¿qué beneficios aporta para sus vecinos una ciudad de estas características? Para tratar de responder a estas cuestiones se ha celebrado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo el XXXII Encuentro de la Economía Digital y las Telecomunicaciones, un evento que se ha se desarrolla bajo el lema ‘Dando voz a la industria digital’ y que ha estado orientado a analizar en profundidad los grandes ejes de la transformación digital y sus oportunidades de negocio, desgranando los retos que presenta la digitalización en la sociedad y reivindicando el papel de esta industria en el proceso.

¿Qué es una ciudad inteligente?

Según David Cierco, director de Red.es, “las ciudades inteligentes permiten modernizar los servicios, innovar y convertir estos territorios en esferas de inteligencia”, y también ha apuntado que, en materia de ciudades y territorios inteligentes, “debemos ser optimistas e internacionalizar las políticas que desarrollamos; aprovechar todo este conocimiento”. Además, ha recordado que desde Red.es se están movilizando más de 200 millones de euros en proyectos de Smartcities. En este sentido, “la colaboración público-privada es esencial para poner en marcha proyectos tecnológicos de envergadura. No se entiende la modernización de la administración sin esa colaboración».

Aunque la definición del concepto ciudad inteligente es muy amplia, hay diversos baremos para medir la eficacia y calidad de la implantación de este modelo urbano. En el IESE Cities in Motion 2018 se hace una clasificación de las ciudades que han optado por este tipo de ordenación urbana. En esta lista aparece en cabeza Nueva York, y le siguen Londres y París. La primera urbe española, Madrid, aparece en el lugar 25, Barcelona figura un puesto por detrás, el 26, mientras que la tercera es Valencia, ya en el lugar 63.

Para los expertos de IESE, “las ciudades necesitan desarrollar un proceso de planificación estratégica, puesto que solo así podrán plantearse vías de innovación y priorizar los aspectos más importantes para su futuro”. Sin embargo avisan que “ese proceso debe ser participativo y flexible, y tiene que fijarse un objetivo central: definir un plan de acción sostenible que brinde singularidad y notoriedad a la metrópolis. De la misma forma que dos empresas no admiten una misma receta para el éxito, cada ciudad debe buscar su propio modelo a partir de una serie de reflexiones y consideraciones comunes”.