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Publicado el lunes 29 de febrero de 2016

Sin sorpresas

Los miembros del G20 se han puesto como meta mirar más allá de las tasas de interés para tratar de sacudir el letargo que adormece a la economía mundial y han acentuado su apuesta por las reformas estructurales para animar la actividad. Los integrantes de este selecto club han señalado a los volátiles flujos de capitales, la sostenida caída de los precios de las materias primas y la eventual salida de Gran Bretaña del seno de la Unión Europea como los tres riesgos más inminentes a los que se enfrentan las economías más avanzadas. “La recuperación global continúa, pero sigue siendo desigual”, dice el comunicado emitido al término del encuentro en Shanghái, y también advierte de que “las políticas monetarias seguirán apoyando la actividad económica y tratando de garantizar la estabilidad de precios, pero, por sí solas no pueden conducir a un crecimiento equilibrado”.

Algunos líderes del G20, como la directora del FMI, Christine Lagarde, no han desaprovechado la oportunidad de encontrarse en suelo chino para mandar varios recados al ejecutivo de Pekín: “China necesita acelerar las reformas estructurales para aumentar el potencial de crecimiento, dar un papel más decisivo al mercado, activar la reforma de las empresas de propiedad estatal y profundizar las reformas de su sistema social”. China, como anfitriona del G-20 y objeto de la mayor atención, aprovechó la reunión para tratar de aliviar las preocupaciones sobre su economía y despejar dudas acerca de la capacidad del ejecutivo de Pekín para su gestión. “La política monetaria probablemente tendrá que ser relajada, a pesar de que su papel no puede sustituir a la política fiscal”, dijo el ministro de finanzas de China, Lou Jiwei. Además, las autoridades chinas reiteraron sus promesas de no devaluar su moneda, un asunto en el que terció el primer ministro, Li Keqiang, quien dijo ante el plenario del G20 “que no había base para la continua depreciación del yuan”.

Aunque también ha habido mensajes por parte de la máxima mandataria del FMI al resto del mundo: “China no es la única economía con la necesidad de reformas estructurales. De hecho, son fundamentales para el éxito de todas las economías del G20”.En un entorno que los mandatarios del grupo han calificado como frágil, “se necesita una acción urgente no sólo para aumentar el potencial económico, sino también para aumentar la confianza sobre la recuperación y el crecimiento a corto plazo” ha señalado Christine Lagarde.

Los ministros del G20 volvieron a usar su habitual soniquete y han repetido como un mantra aquello de utilizar “todos los instrumentos de políticas monetarias, fiscales y estructurales, tanto individual como colectivamente para alcanzar los objetivos económicos del grupo”. En este sentido, el comunicado final de la reunión de Shanghái indica que “la magnitud de la reciente volatilidad del mercado no ha reflejado los fundamentos subyacentes de la economía global” y añade que “el progreso más rápido en las reformas estructurales debería impulsar el crecimiento potencial a medio plazo y que nuestras economías sean más innovadoras, flexibles y resistentes”.