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Publicado el martes 21 de octubre de 2014

La Unión Europea podría plantearse cambiar de rumbo

Los rumores acerca de una posible relajación de la política económica europea comenzaron este verano cuando Jean-Claude Juncker propuso a los eurodiputados la puesta en marcha de un plan de inversión, tanto pública como privada, por un importe de hasta 300.000 millones de euros. La idea de Juncker, que se encuentra ahora mismo en pleno proceso de confirmación de los comisarios europeos, era movilizar esa cantidad de dinero en un plazo de tres años para incentivar proyectos de infraestructuras de transporte, I+D, banda ancha, energía y en un programa de reindustrialización de Europa.

Precisamente ahora se ha sabido, según las informaciones del Bundesbank, que la economía germana ha perdido fuelle en el primer tramo de 2014 y prevé un crecimiento económico muy moderado en el segundo semestre del año. De acuerdo con el último informe mensual del Banco Central alemán, la industria se ha frenado entre julio y septiembre y el sector de la construcción apenas aportará crecimiento. El documento añade que la producción económica total se ha estancado, mientras que el producto interior bruto (PIB) de Alemania se contrajo en el segundo trimestre un 0,2%. Las perspectivas para el cuarto tramo del año son cautelosas, tanto por la caída de la entrada de pedidos como por el descenso de los indicadores de confianza empresarial.

Con este panorama de desaceleración de fondo, los ministros de economía y finanzas de Alemania y Francia se han reunido en Berlín. Un encuentro del que ha salido un comunicado conjunto en el que las dos principales potencias de la UE se comprometen a promover un documento, antes de final de año, para fortalecer las inversiones. Los representantes del gobierno galo avanzaron unas cifras: Francia puede comprometerse a ahorrar 50.000 millones, pero pide a cambio a Alemania que invierta la misma cifra en su propio país para fortalecer su economía y estimular la recuperación en toda la zona euro. Algunas voces consideran que podemos estar ante el principio del fin de la austeridad a ultranza que propugna Alemania, un cambio de rumbo demandado por diversas entidades como el FMI, la OCDE, el BCE o el Gobierno de Barack Obama.