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Publicado el lunes 27 de febrero de 2017

Y el Óscar es para…

El cine forma parte de la industria del entretenimiento, que en Estados Unidos, se prevé que mueva unos 655.000 millones de dólares este año y que alcance los 720.000 millones en el horizonte de 2020. Como gran todo negocio, necesita de un gran escaparate, y el más privilegiado de todos es la ceremonia de entrega de los Óscar.

Setenta millones en una jornada     

El primer impacto, y el más inmediato, es el que recibe la ciudad de Los Ángeles, donde está la rutilante meca del cine occidental, Hollywood. En las pocas horas que median entre que aparece la primera estrella por la alfombra roja y se disipa el último baile de las numerosas fiestas que se preparan, un auténtico río de dólares baña la ciudad californiana. Por ejemplo,  solamente en alquiler de limusinas se gastan 2 millones de dólares mientras que las productoras de cine se dejan hasta 6 millones de euros en fiestas con las que celebrar sus triunfos o hacer más llevaderos sus fracasos.

Incluso la propia Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas tira de cartera ya que el presupuesto para la noche más rutilante del universo fílmico es de 30 millones de dólares, de los que 17 son para la producción del casi siempre brillante espectáculo que arropa la entrega de las doradas estatuillas. Pero quizás más importante sea el impacto no inmediato, porque hay que tener en cuenta que los Óscar, y el cine en general, provocan un fuerte flujo de turistas que se convierte en generación de riqueza para Los Ángeles.

Energía para toda la industria

Cuando vemos las sonrisas de los ganadores, aparte de la lógica alegría de verse reconocidos en sus profesiones, detrás está el importante empujón en la recaudación del que suelen beneficiarse las producciones galardonadas. Sólo el hecho de que un largometraje sea incluido en la nominación a mejor película produce un aumento en el margen de beneficio del 247,2%. De todos los beneficios obtenidos, según un estudio de la consultora IBISWorld, el 18,2% llegó después de la nominación y el 21,7% después de la ceremonia.

Además, si resultan ganadoras, se alarga su carrera comercial en los cines y se benefician de efectos positivos en otros mercados, como en la distribución en DVD, Blu-ray o su pase por televisión. También los intérpretes ven como su prestigio, y por tanto su caché, se incrementan. Los premiados como mejor actor y actriz suelen ganar un 20% más de dinero en su siguiente papel, aunque la responsabilidad a la hora de elegirlos y no defraudar al público también se incrementa.

El otro elemento económico más relevante de los Óscar es la publicidad, que, literalmente, vale su peso en oro. En la edición de 2015, la cadena ABC, que es la que emite esta gala en Estados Unidos, facturó casi 100 millones de dólares en anuncios que, este año, se han cobrado a razón de 2 millones por cada bloque de 30 segundos. Eso sí, sobre lo que no hay ninguna duda es del valor de la marca Óscar, que es siempre rentable.